En este blog encontrarán reseñas de libros y textos escritos por mi, como poesías, relatos, etc. Todas las reseñas son de libros que he leído y he querido compartir.
Novena entrega de este juego creado por Ramón Escolano en Jukeblog #TeRoboUnaFrase La frase elegida este mes de marzo es: No espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia. Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es un sueño. - De Edgar Allan Poe, El Gato Negro.
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No espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia. Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es un sueño.Ojalá lo fuese, no deseo otra cosa en esta vida, que nada de aquello hubiese ocurrido. Pero pasó. Lo recuerdo cada vez al oír la sirena de los bomberos; al encender la chimenea en estos días de invierno... tan fríos, como lo están mi alma y mi corazón.
Mi mente se trastorna, observo cómo las brasas se van encendiendo, a la vez que se transforman en siluetas y se van esfumando, como aquel día del horror... el día que los vi abrasados, envueltos en llamas...
Aquel maldito día que me quedé sólo, sin mi hijo y sin mi amor.
Quinta entrega de Te robo una frase creado por Ramón Escolano en su blog Jukeblog.
La frase elegida para este mes es: No se tome la vida demasiado enserio; nunca saldrá vivo de ella.De Elbert Hubbard. Ensayista estadounidense. Propuesta porFrank Spoiler.
Mi relato se titula: "Soy como tú"
Marisa caminaba sin rumbo
después de un día lleno de fracasos. Ella solo necesitaba ser escuchada y
comprendida. Pero nada de eso sucedió. Cuando tuvo el valor de enfrentar a su
familia para decirles que le gustaban las personas de su mismo sexo, se le echaron como jauría encima. No
tuvieron reparo en decirle que se marchara y gritarle que era la vergüenza de la familia.
—No eres normal. ¡No quisiste
estudiar y solo te limitaste a tocar esa guitarra de mierda que no te sirve
para nada! Terminarás en la calle como un vagabundo. Aquí en mi casa no pondrás
un solo pie mientras sigas enferma. ¡Eso es lo que eres! ¡Una enferma! ¡Lárgate ya de aquí antes que vomite de asco! —gritaba enfurecido su
padre sin piedad. Sin importarle que estaba clavando lentamente un puñal a su
hija en medio de su corazón.
Su familia estaba constituida
por Roberto, su padre de cincuenta y cinco años; María, la madre, de cincuenta y su hermana Lorena de dieciséis, dos años menor que Marisa, quien la adoraba. El amor entre ellas era mutuo. Pero el shock fue demasiado fuerte para
Lorena, no pudo decir nada, solo bajó la mirada y marchó a su cuarto
decepcionada, llorando.
Marisa, emocionalmente
destruida, armó con rapidez su mochila con lo más necesario, su guitarra, que era parte de ella.
Cabizbaja, sintiéndose una
basura, marchó. No miró a nadie. Sin decir palabra cerró la puerta dejando
atrás los recuerdos de su familia, el calor de hogar, las charlas y reuniones
familiares; los años compartidos con su hermana… Todos esos recuerdos los
ordenó en un rincón de su cerebro dejándolos enterrados para siempre.
Esa tarde fue para ella muy triste, tanto
como el día que mostraba un cielo gris encapotado, con unos nubarrones
negros y a punto de llover como si fuera la última vez.
No sabía dónde ir..., hasta que recordó el
lugar donde paseó tantas veces con su abuela, el puente de flores, hermoso y
colorido; el mismo sitio donde desparramó sus cenizas años atrás.
Sola, desilusionada, tocando la guitarra,
lloraba mientras pedía un milagro al cielo...
Un milagro que nunca llegó.
Después de tres días... El teléfono sonó
y rompió el silencio del hogar...
—Buenos días ¿Con la familia de Marisa Hernández?
—Ya no vive aquí. ¿Quién es? —de
manera despectiva y fría contestó Roberto.
—Imagino que es su padre, ¿verdad?
—Marisa dejó de ser mi hija desde el día
que se fue de esta casa.
—Lamento comunicarle que tuvo un accidente,
está ingresada en el Hospital...
Llorando como jamás lo hizo
en la vida, Roberto, subió al coche y fue en busca del perdón.
Tarde, muy tarde. Murió ante sus propios
ojos... escuchando un te quiero de su hija con sus últimos suspiros.
Marisa había sido atacada, por ser "DIFERENTE" la primer
noche que pasó fuera de su casa. La violaron y recibió golpes que le causaron
daño cerebral y los médicos no llegaron a tiempo para salvarla.
Roberto, al día siguiente, sin consuelo, mientras tiraba las cenizas en el mismo sitio donde alguna vez desparramó las de su madre, escuchó una voz que le susurró: No se tome la vida demasiado en serio; nunca saldrá usted vivo de ella.
Cuántos padres crucifican y causan
la muerte de sus propios hijos por no aceptarlos tal cual son.
TODOS SOMOS IGUALES.
Esta historia la modifiqué para participar en Te robo una frase. Para quienes quieran leer la historia original clic aquí en mi página de Wattpad.
Una vez más tengo el agrado de participar en este juego propuesto por Ramón Escolano en Jukeblog
La frase de este mes es la siguiente:
La persona que había al otro lado era una mujer joven. Muy
obviamente una mujer joven. No había manera posible de confundirla con un
hombre joven en ningún lenguaje, especialmente en braille.Está sacada de la
novela Mascarada, deTerry Pratchett.
***
Llevaba muchos años esperando este momento. Viví sumergido
en una infinita oscuridad durante diez años y, hoy, cambiaría mi vida para siempre.
La ansiedad se apoderó de mi cuerpo; me sudaban las manos, y
un escalofrío recorrió mi espalda cuando alguien se acercó para quitarme las
vendas de los ojos.
Despacio, lentamente, sentía sus manos cada vez que rozaban
mi nariz al desenvolver la venda, deseaba que ese fuese el último recorrido
para revelar el misterio.
La persona que había al otro lado era una mujer joven. Muy
obviamente una mujer joven. No había manera posible de confundirla con un
hombre joven en ningún lenguaje, especialmente en braille.
Después de cinco minutos...
Sí que era una mujer joven..., y además muy bella. Unos ojos verdes esmeralda, le han dado luz a
los míos por primera vez.
Llega la tercer entrega de este juego propuesto por Ramón en su blog Jukeblog "Te robo una frase".
"Hay momentos en la vida en los que la única manera de salvarse a uno mismo es muriendo o matando".Julia Navarro-Dispara, yo ya estoy muerto. (En esta ocasión, he propuesto yo la frase)
Enfrentando la realidad
Estaba
triste y furiosa a la vez. Había acabado de descubrir lo que hacía mi marido
cada viernes a la noche. Durante los últimos cinco años mi cama quedaba vacía y
fría, Juan me privaba de su calor.
Ya
no tenía dudas, lo había seguido y estaba en la puerta del lugar en el cual
entró.
Investigué,
me cercioré bien de lo que él hacía en ese lugar y de cuáles eran sus
necesidades. Una vez averiguado todo, dejé pasar toda la semana y esperé al
siguiente viernes…
Ahí
estaba, otra vez regalando todo su sexapil a aquellas mujeres, pero
buscaba a una en especial. Yo me encargué de pagarle las dos horas esa noche
para que me “cediera” su puesto.
Toda
esa semana me pregunté si sería capaz de atreverme a todo, si él notaría la diferencia
con aquella experta y, después de tantos años de convivencia, si sería capaz de
reconocerme.
Ya
había tomado la decisión y estaba en un rincón observando como Juan, con
desesperación, buscaba su hembra.
¿Por
qué él no me dejaba ser más atrevida y sacar mi lado seductor y salvaje?
Subí
pronto las escaleras, entré al cuarto en penumbras, en el que cada semana se
encontraban, y mientras retocaba mi maquillaje, lo esperé.
Estaba
sentada, de espaldas a la puerta, cuando oí que alguien entraba. Giré solo mi
cabeza y de lejos lo reconocí. Su contorno se reflejó en el espejo que estaba
frente a mí.
Era
él, y estaba tan guapo… Me negó disfrutar de su lado oscuro siendo su mujer…
¿Por qué decidió por mí sin saber si me gustaría o no algo diferente?
Tampoco
lo sabía pero, ahí estaba, con su torso desnudo; hasta me parecieron
desconocidas sus abdominales. Jamás me mostró cómo le quedaba su pantalón de
cuero ceñido, le marcaba sus muslos perfectos. Ummm creo que no resistiré cumplir
mi plan.
Aparté
de mi mente esos deseos y retomé mi venganza. No olvido cuánto me hizo sufrir
con sus desplantes, su olvido, su sosa rutina en nuestra cama durante tantos
años.
Con
un gesto le indiqué que se sentara en la silla mientras yo caminaba para pulsar
la tecla que haría encender una luz muy tenue azul y, con otro clic, dejar que
la música sea cómplice de mi locura.
Frente
a él, a un metro de distancia, mostrando una postura firme marqué fuerte con
los zapatos de taco aguja de diez centímetros, a un lado y al otro los pasos,
separando bien mis piernas, las cuales estaban cubiertas por unas medias negras
de lycra hasta mitad de mis muslos con una terminación de encaje. Me dejé
observar por él.
Él
lentamente recorrió mi cuerpo con su vista hasta llegar a mi pelvis que
mostraba una tanga minúscula roja, intentaba ser tapada por un mini-short
pequeño y transparente, el cual, además, dejaba entrever mis nalgas bien
formadas. Los porta-ligas daban
terminación a la parte inferior…
Comencé
a moverme bailando sexy. Mi cabello largo, lacio y negro, tapaba parte de mi rostro. Acaricié con mi dedo índice el costado de mis caderas
para que sus ojos siguieran el recorrido. Al llegar a mi abdomen, bastante
cuidado por los años de ejercicios que durante tanto tiempo realicé, uní mis
manos jugando con los dedos para mostrar mis largas uñas pintadas en negro, me acaricié
hasta llegar a mis pechos en donde me detuve tocando la tela de cuero negra de
mi corsé, el que dejaba libre la mitad de mis senos debido al cordón que lo
cerraba por delante.
****
Ya
había notado tu excitación, tu mirada libidinosa, tu lengua que asomaba como la
mía, te insinuaba con la mirada pensamientos oscuros; a cámara lenta me
lamí los labios en todo el contorno.
Subía
y bajaba mis manos a la misma vez que mis piernas, disfrutaba hacerte desear. La música cada vez daba más
ímpetu al momento. Te calentaba, lo sabía…
Tantas
veces te oí escuchar esta canción y me hacías excitar sin dejar que pasara
nada…
Me
fui acercando, con las esposas entre mis dientes, caminando como una buena
gata, como me había dicho tu zorra que te gustaba. ¿Nunca pensaste que yo
también podía caminar así? ¿Seducirte, llevarte al límite del placer?
Parece
que no. Yo tampoco lo sabía, tengo que admitirlo, pero lo estaba descubriendo a
la par tuya.
Realmente
me encantaba lo que estaba explorando de mí misma, lo gozaba…
Te
rodeé con mis brazos rozándote con mi cuerpo, zarandeando la cabeza muy lento
para hacerte sonar el ruido del metal que tenía entre mis dientes, lo que te dejaría inmóvil por un buen
rato. Acerqué la boca con las esposas a
tu oído y dejé escapar un gemido, cada vez más fuerte y continuo.
Estabas
muy nervioso, sudabas. Mientras te “apresaba”, me pedías por favor que te
dejase tocar mi cuerpo como siempre. ¿Cómo siempre? Claro, lo olvidaba, te
referiste a “como siempre acariciabas a esa zorra cada viernes”.
No
pronuncié palabra, seguía detrás tuyo mientras te cerré las esposas y con un
giro inesperado y veloz, me senté frente a vos, sobre las rodillas, mientras
fregaba sin pudor mi intimidad en tus muslos logrando que llegases a una
excitación desbordada.
Adelante
y hacia atrás… una y otra vez me balanceaba, me mecía, te enloquecía. Mi cabello, mi perfume, mi piel... te volvía loco.
Con
un movimiento rápido me levanté, con mi lengua te lamí desde el inferior del
abdomen hasta el mentón, seguí subiendo hasta dejarte la piel de mis pechos
suaves y perfumados en medio de tu cara.
No
soportabas más. Tu lengua se metía entre mi escote y querías atrapar con tu
boca mi pezón derecho, el cual te quedaste con ganas de saborear. Me aparté
hacia atrás y de prisa atrapé la punta de tu lengua con mis dientes y de un
ligero mordisco te di a entender que hoy mandaba yo.
Girándome
sobre vos me senté en cámara lenta, quería que sientas la dureza de mis glúteos
en tu pecho, esos que eran tuyos y tocabas cuando te daba la gana.
A
los pocos minutos me fui caminando lento, contorneando al ritmo de la canción
mis caderas con el movimiento más sensual que pudiste haber visto jamás.
Otra
vez, un clic encendió una pequeña luz roja que alumbró un taburete redondo y no
muy alto con un caño en medio. Sí, corazón, el famoso caño donde mirabas a esa
zorra que te bailaba cada semana. Voy a superar este examen o quedaré en ridículo
para siempre. Pero hoy los dioses parecen estar conmigo.
Te
dejé mudo, loco, descontrolado me suplicabas que te dejase acercar. Me hiciste
saber que fue mi mejor espectáculo. Claro, pensando que era ella…
Con
mi índice dictaminé mi orden: No, no me vas a tocar un pelo, porque hoy no me
da la gana a mí.
Después
de bailarte y demostrarte que era capaz de hacer todo lo que me hubieses
pedido, llegó el momento de gozar, ese momento que tantas veces me negaste.
Bajé
del taburete, te hice un striptease infernal. Sí, tu cara me lo hizo notar. Tus
súplicas de que te quite las esposas para permitirte masturbar casi me hacen
flojear. Tus manos deseaban ser las mías, acariciarme como lo estaba haciendo
yo.
>>No<<,
dije con un gesto, no iba a dejar que me arruines el momento dejando mi voz al
descubierto, todavía no debías saber quién era yo.
Caminé
hacia vos rápido, con el látigo en la mano y lo hice sonar contra el suelo.
Creo que entendiste. Tu mirada sumisa me lo dijo.
Me
senté frente a vos, abrí mis piernas mostrándome rabiosa, furiosa, solo me
quedaba la tanga y la máscara. Ya llegábamos al final de mi plan… Algo tendría
que sacar.
La
habitación era oscura, las luces tenues no permitían ver nuestros rostros pero,
aun así, cambié de planes. Quería ver tu cara en este momento.
Con
un movimiento sensual agarré el consolador y otra vez me senté frente a vos.
Pero esta vez gozando una y otra vez sin que pudieras tocarme ni disfrutarme a
tu antojo. Ni mucho menos cortarme “mi momento”.
—Por
favor, te deseo, voy a explotar, sos la única mujer que me vuelve loco.
Me
levanté después de mostrarte que podía tener innumerables orgasmos. Encendí las
luces, mirándote a los ojos me quité la máscara:
—A
partir de hoy ya no soy tu mujer, seré tu zorra, como a vos te gusta. Podrás
verme solo los viernes, aquí y bajo mis normas. Jamás volverás a tocarme.
Hay momentos en la vida en los que
la única manera de salvarse a uno mismo es muriendo o matando. Pero
yo no moriré por su amor.
Tengo el placer de compartir esta segunda edición de "Te robo una frase" ideada por Ramón Escolano en su blog Jukeblog.
La frase elegida para este mes:
Rodeó la esquina de la mesa y se plantó ante mí. Extendió la mano izquierda y me levantó la barbilla. —Raymond Chandler —La hermana pequeña.
Había llegado el momento de desembarcar…
Se acercaba la noche. La luna se reflejaba sobre el
sereno canal que observábamos desde la terraza del gran salón. Estaba emocionada por estar
viviendo algo tan desconocido y, esperado a la vez, como lo era esta fiesta de máscaras, pero no era cualquier fiesta...¡Era la del carnaval de Venecia!
Podía observar unos trajes hermosos con pasamanerías y bordados de diferentes colores. En sus trajes realzaban adornos con plumas, perlas, tules, flores realizadas en telas sedosas añadidas también en los sombreros bordados con lentejuelas y diferentes brillos que lo hacían únicos.
Me costó decidirme para elegir mi vestuario. Estuve horas buscando cuál alquilar para lucirlo en esa fiesta.
Hasta que vi el traje más hermoso de mi vida. En él prevalecía el rojo, era un vestido de cuello alto ceñido hasta la cintura, luego se ampliaba como el de una princesa y tan largo que los volados acariciaban el suelo al caminar.
Sobre mi tela de seda roja, unos bordados en dorado bordeaban las flores que sobresalían de mi traje. Llevaba guantes blancos con unos anillos de piedras preciosas.
Preferí no llevar sombrero como las demás, admito que eran preciosos con sus detalles y decoraciones, pero bastante pesaba mi vestido como para llevar más peso. Decidí peinar con un bonito recogido mi largo cabello, dejando caer unos bucles castaños y cortos hacia los lados.
Y la máscara... era dorada, me tapaba solo la parte superior de la cara. Maquillé mi rostro con un blanco marfil y en las mejillas, con pinturas brillantes, dibujé arabescos. De un extremo de mi máscara una cadena doble de perlas blancas colgaban por debajo de mi mentón uniéndose al otro costado. Mi boca la pinté en forma de corazón con un lápiz labial rojo bermellón intenso.
***
En la hora de la cena, elegí al azar una de las mesas redondas. ¡Qué lujo! ¡Qué hermosura de lugar!
Todo en el salón era impactante: Desde las lámparas que colgaban del techo hasta los simple candelabros que adornaban las mesas que, estaban vestidas de seda blanca al igual que las sillas con unos moños decorativos. Parecía que estaba en el siglo XVII rodeada de duques, marqueses... me sentía una reina. No conocía a nadie, pero no tuve problemas en entablar conversación con las personas que compartían la mesa conmigo.
Después de un rato ameno, degustando manjares y bebidas, llegó la hora del gran baile. Observaba todas esas vestimentas, mientras disfrutaba cómo bailaban los demás.
Al rato, sin querer fijé la vista sobre un hombre muy elegante, no sé si su traje se diferenciaba de los demás, lo que sí percibí fue que su mirada estaba atada a la mía a través de un hilo mágico.
La melodía parecía haber conquistado mis sentidos, qué música tan bonita. En el mismo momento que apoyaba la copa de cristal sobre la mesa, sin dejarlo de mirar, una voz masculina cantaba en italiano marcando un clima romántico en el gran salón acompañado por la orquesta.
Ese caballero de mirada cautiva soltó sin más a la dama que bailaba con él. Sin quitar la vista de mis ojos, caminó hacia mí, mientras el bullicio de la gente se perdía entre la música y los trajes de colores se esfumaban a mi alrededor dejando ante mi vista una sola imagen nítida: El príncipe de mis sueños.
Intenté descubrir cuál sería su rostro pero, la máscara que llevaba lo impedía. Cubría prácticamente toda su cara, quedando libre parte de su nariz y su boca que, sin notarlo, la tenía muy cerca de mí. Bajé la cabeza rápidamente.
Rodeó la esquina de la mesa y se plantó ante mí. Extendió la mano izquierda y me levantó la barbilla.Con su mano libre tomó mi mano y dejó un beso sobre mi guante. A pesar de besarme sobre la tela, mi piel lo percibió y un escalofrío recorrió mi cuerpo.
Quitó su mano de mi mentón y con ella hizo un gesto invitándome a bailar. Desde ese instante, su mirada, su gesto, su actitud, su todo, me conquistó.
Durante la melodía me pegó a su cuerpo con sus brazos y al acabar la canción, me susurró su nombre dejando un beso sobre mis labios y murmuró una frase que recordaré para el resto de mi vida:
"Encerraré tu perfume dentro de algo mágico para poder sentir tu fragancia cada noche. Guardaré tus besos para cada vez que los necesite. Atraparé tus latidos para que me cobijen cuando me abrume la soledad. Pero tu mirada será la que me guiará en tu búsqueda. Nos volveremos a encontrar". Un beso más, el que me terminó de enamorar y mientras volvía en sí, al abrir mis ojos, desapareció entre la multitud de colores... ***
El sol encandilaba mis ojos. Toda esa magia desapareció con el ruido del despertador. Le di un manotazo provocando que cayera al suelo en pedazos. Luego, cerré los ojos para seguir viviendo mi sueño...
Para quienes les guste, disfruten este video mientras observan unos trajes espectaculares.
El sol despertaba entre las dispersas nubes blancas que se
observaban en el horizonte dando comienzo a un nuevo día. Un día especial
debido a que Melani cumplía sus quince primaveras. Un día soñado y esperado por
todos en la familia pero, en especial por la princesita que dejaba “la niña”
frente a su espejo.
Notaba cómo se había convertido en una dulce mujercita
mientras su mamá y su tía le probaban el vestido de ensueño. Más que princesa
parecía una reina luciendo ese modelo de seda blanca bordada con perlitas que,
brillaban como sus dientitos cuando empezaron a asomar por su boquita rosada
hace años atrás.
Su tía, más emocionada que el resto de la familia, quiso dar
un toque mágico a ese momento tierno.
Se acercó acariciando el largo cabello sedoso y castaño de
su nena, esa nena que, al nacer, le devolvió las ganas de vivir en el peor momento de su
vida. Extendió su otra mano tomando la de Melani para entregarle un detalle, un envase de
cristal. El objeto que sujetaba era un
pequeño cilindro con un agujerito en la parte superior. Se lo acercó a la nariz
y lo olió. Su olor era dulce, floral y afrutado con notas golosas.
Para dejar sellado ese instante en el recuerdo de Melani, también le dio
una cartita que acompañaba el regalo: Mi dulce Melani:
Este perfume es para las mujeres como vos, que van en busca de anhelos y fantasías en un mundo mágico, en donde los sueños invadirán la realidad y se apoderarán de ella colmándote de felicidad y triunfos en tu existencia. Dejarás tu huella atractiva, femenina y seductora en cada paso que des en tu camino con este perfume especial. Sos y serás la luz radiante de cada nuevo día.